CRÍTICA ABERTZALE DEL PARADIGMA DE LA IZQUIERDA ESPAÑOLA
LIMITES TEÓRICO-POLÍTICOS DE LAS IZQUIERDAS NACIONALISTAS ESPAÑOLAS
5. FUNCIÓN REACCIONARIA DEL PARADIGMA ESPAÑOLISTA DE IZQUIERDAS.
¿Estamos condenadas, entonces, las naciones oprimidas a permanecer siempre sojuzgadas bajo la unión práctica de ambos paradigmas? ¿No demuestra esto que los independentistas, progresistas y demócratas no españoles debemos reconsiderar nuestras posturas y pasar a establecer alianzas estrechas con las "verdaderas" izquierdas españolas para acelerar conjuntamente la extinción del estatalismo de izquierdas? Estas y otras preguntas similares se nos hacen en los debates teórico-políticos que mantenemos con nuevos grupos izquierdistas españoles o con viejos revolucionarios que están volviendo a la militancia activa. Las preguntas adolecen, sin embargo, de los mismos errores del paradigma estatalista oficial de las izquierdas tradicionales, aunque las preguntas están hechas sin dobles intenciones. Comprendo las extraordinarias dificultades con las que chocan estos nuevos colectivos y/o militantes que vuelven a la lucha, para emancipar su pensamiento teórico-político de las sólidas cadenas de la ideología nacionalista española. Resulta verdaderamente difícil y meritorio superar la ideología nacionalista de la propia burguesía cuando esa ideología legitima además del orgullo nacional sobre todo las ganancias materiales y simbólicas que se obtienen con la opresión de otros pueblos por el propio Estado.
La razón es muy sencilla de comprender una vez que descubrimos que toda opresión nacional tiene como directo y prioritario objetivo obtener una precisa, contable y palpable ganancia material y simbólica que beneficia, en primer lugar, a la clase dominante de la nación opresora; en segundo lugar, a las clases llamadas "medias", al funcionariado, a las fuerzas militares y represivas, al aparato propagandístico y cultural, etc., y en tercer lugar y en cascada decreciente pero cierta, a los restantes sectores sociales, de modo que, al final del goteo, hasta la última explotada y oprimida de las mujeres del Estado opresor obtiene un pequeño beneficio siquiera de orgullo nacional imperialista e interclasista, pero beneficio al fin y al cabo. Y es muy cierto que hace falta una especial conciencia desalienada y solidaria por parte de las masas oprimidas pertenecientes a la nación opresora para renunciar a esos pequeños beneficios que su burguesía le concede tras quedarse ella con la mayor parte del expolio. Queremos insistir en que tales beneficios son además de materiales, contabilizados al final en millones de euros, también políticos, administrativos, territoriales, culturales, artísticos, psicológicos, emocionales y hasta sexuales. La expoliación de un pueblo por otro es global, afecta a la totalidad de sus recursos, de sus valores de uso, de su fuerza de trabajo simple y compleja, de su medioambiente y sistema ecológico, de sus capacidades de recuperación y reciclaje de la fuerza de trabajo social.
Recordemos que no hace mucho, desde la izquierda oficial española se nos acusó a los vascos y vascas de "insolidaridad" con el "resto de españoles" debido a que nuestras reivindicaciones soberanistas mermaban supuestamente las ayudas sociales, sanitarias, educativas, etc., destinadas a regiones menos desarrolladas del Estado. Recordemos que la versión oficial de la historia española ha reducido a simples "privilegios" vascos lo que real e históricamente son restos muy mermados y condicionados de derechos nacionales inalienables que tuvimos en el pasado y que nos fueron arrebatados mediante atroces guerras de invasión nacional. Recordemos que los Conciertos Económicos no son ni siquiera "privilegios" porque fueron un soborno tramposo y esquilmador que Madrid ofreció a la burguesía vascongada para, además de agradecerle su decisivo apoyo en la victoria militar española de 1876, también recuperar su muy debilitada legitimidad interna precisamente por esa ayuda vital al capitalismo español y, por último, aplacar en lo posible la rápida recuperación de la conciencia nacional vasca tras esa derrota y sus represiones posteriores. Recordemos que el Estado español ha sacrificado consciente y premeditadamente a las economías de las naciones oprimidas y pueblos periféricos con culturas propias -el campo, la pesca, la industria, etc.- para negociar las ayudas de la Unión Europea, para cambiarlas por inversiones extranjeras en el centro del Estado, en Madrid, o simplemente en las cuentas corrientes de la burguesía. Recordemos que el PP ha anunciado que va a centralizar todavía más el poder socioeconómico en Madrid en detrimento de las muy reducidas atribuciones de las comunidades autonómicas.
Por todo esto comprendemos lo difícil que resulta emanciparse del nacionalismo imperialista español, que justifica no sólo el expolio material de las naciones oprimidas, sino también su expolio deportivo tan de actualidad en el capitalismo actual que ha mercantilizado y politizado alienadamente el deporte de masas. ¿Puede España permitir que selecciones nacionales vasca, catalana, gallega... de fútbol, por ejemplo, debiliten mucho su selección "nacional" -realmente internacional- reduciendo su calidad con todos los efectos inmediatos que ello acarrea? ¿Y qué sucedería entonces en la industria político-deportiva y propagandística montada alrededor de las Olimpiadas? Estas preguntas no son tontas ni secundarias, sino que inciden directamente en una característica del nacionalismo imperialista español de siempre, agravada además por la evolución del capitalismo actual, como es el de buscar beneficio socioeconómico, ideológico, político, etc., en la industrialización y mercantilización de todo. El problema crece cuando analizamos la opresión lingüístico-cultural, las prohibiciones al desarrollo tecnológico y científico, las prohibiciones a presencia internacional, etc. Pero también aparece en su machista y misógina brutalidad cuando una y otra vez se demuestran las especiales torturas contra las mujeres vascas por tener la desgracia de ser eso, vascas y mujeres.
Vuelvo aquí al problema anterior de los límites ontológicos, epistemológicos y axiológicos del paradigma de las izquierdas españolas. El capitalismo actual, obsesionado por la necesidad de asegurar el beneficio, busca mercados en los que invertir sus capitales excedentarios abriendo nuevas ramas productivas, aunque sean en deportes, medioambiente y ecología, consumismo selecto y turismo de aventura, pornografía, culturas exóticas, folclore, etc.; pero también masificando la alienación social generalizada para facilitar el beneficio mediante la idiotización sociopolítica y nacionalista opresora. Un obrero precarizado y al borde del enfurecimiento social, se pacifica y desahoga con el "orgullo español" al ver cómo gana su "selección nacional" en cualquier deporte, o cuando su Estado desembolsa cientos de miles de euros para conseguir que un "astronauta español" salga al espacio exterior. Un parado vota a la derecha reaccionaria si se le repite miles de veces que su mala suerte viene en parte de "los privilegios vascos". La mezcla de la naturaleza del Estado español con las crecientes urgencias del capitalismo en ese marco, refuerza los límites ontológicos de sus izquierdas que no pueden comprender la esencia opresora del Estado-nación de su burguesía; los epistemológicos, pues su pensamiento no puede romper con el burgués en las cuestiones básicas, y los axiológicos, pues sus valores son los del capital.
La experiencia vasca y la de todos los procesos emancipadores, indica que la mejor forma que tienen las izquierdas de la nación opresora para acelerar su proceso revolucionario, o simplemente democrático, es la de unir dialécticamente la lucha social con la lucha contra el nacionalismo imperialista de su clase dominante. La experiencia de un siglo y medio de lucha de clases en el capitalismo desarrollado eurocéntrico y también en aquellos procesos exteriores, es que el Estado burgués tiene en la opresión nacional de otros pueblos uno de los instrumentos de reformismo, consenso y manipulación interclasista más efectivos que se pueda imaginar. Por esto, cuando una y otra vez leo las críticas de las izquierdas estatalistas de que la lucha abertzale debilita su proceso propio, constato además de una clara reacción chauvinista y de egoísmo nacionalista opresor, también una suicida ignorancia teórico-política de lo que es la realidad de la lucha de clases en una nación opresora de otras naciones, en un Estado que se fortalece internamente gracias a los beneficios que extrae del saqueo imperialista, en un contexto de alienación, intimidación, corrupción e individualismo generalizado típico y obligado a una gran cárcel de pueblos.
La experiencia vasca también muestra que la mejor solidaridad internacionalista práctica de una nación oprimida para con las clases trabajadoras del Estado opresor no consiste, como afirman sus izquierdas, en supeditar nuestra liberación a la suya, sino al contrario, en acelerarla, en avanzar más y mejor en nuestra propia democracia y liberación nacional y social. Pienso que uno de los factores más decisivos en los grandes avances revolucionarios en el mundo ha sido, además de otros, la pérdida de la confianza en sus burguesías opresoras por parte de las masas oprimidas del propio Estado, al ver cómo las naciones exteriores se emancipaban y al hacerlo demostraban las grandes debilidades insuperables del Estado opresor. Las clases oprimidas de la nación opresora han sufrido verdaderos traumas psicopolíticos y de confianza en sus clases dominantes al ver cómo estas no podían mantener la opresión de otros pueblos. La propia historia del declive imperial español así lo confirma. A la vez, han aprendido que su enemigo propio no es tan fuerte como aparenta y que se le puede vencer. De igual modo, nuestra mejor ayuda solidaria para con otras naciones igualmente oprimidas por el mismo Estado imperialista o por otros, es la de avanzar en nuestra independencia porque también les confirma la debilidad interna del opresor común. Estas lecciones históricas son innegables y sólo se pueden rechazar desde el peor nacionalismo opresor.
Desde luego que también es necesario que las izquierdas del Estado dominante impulsen la desalienación ideológica de sus clases trabajadoras, en vez de correr en ayuda de la burguesía estatal, como ha sido y es el comportamiento histórico de las izquierdas españolas. Pero esto escapa ya totalmente a la voluntad, objetivos y necesidades de la izquierda abertzale. Sería injusto e inmoral para con nuestro pueblo que los independentistas sacrificásemos su liberación en aras de salvar al Estado ocupante, aparentando una supuesta democratización. Sería además una ceguera absoluta por cuanto despreciaríamos toda su sangrienta historia anterior y, a la vez, ignoraríamos las contundentes lecciones teóricas sobre la naturaleza objetiva de los Estados español y francés, como marcos necesarios para la acumulación ampliada de capital. Si la izquierda independentista vasca procediera así renegaría de su identidad euskalduna y socialista, revolucionaria.
Por el contrario, sí puede ayudar y mucho desde la solidaridad internacionalista consistente en debatir y contrastar experiencias prácticas entre los diversos procesos de liberación nacional y de lucha de clases. La izquierda abertzale quiere aprender de los demás procesos, y piensa que también puede aportarles algo, siquiera a que no repitan sus errores, sobre todo el de confiar en las promesas del opresor. Pero la izquierda abertzale choca una y otra vez contra la explícita negativa de muchas izquierdas nacionalistas españolas a cualquier debate constructivo. Negativa que se transforma en un sistemático boicoteo y obstrucción con las peores artimañas, presiones y chantajes a terceros para impedir su presencia en foros internacionales. Especial tarea realizan aquí CCOO, PCE e IU. Y cuando consigue sortear los obstáculos, no son raras las provocaciones, los cortes en sus intervenciones y los insultos lanzados por miembros de esas izquierdas. ¿Son conscientes de que con ese comportamiento socialimperialista perjudican sobre todo a su propio pueblo, benefician a su clase dominante y fortalecen la opresión que padecemos vascos, catalanes, gallegos, etc.? Todo parece indicar que no porque, al menos en bastantes casos, la tendencia dominante es la de fortalecer y expandir el nacionalismo imperialista de su burguesía, pero, como añaden algunos, con un contenido "progresista".
Iñaki Gil de San Vicente
EUSKAL HERRIA 2002/6/21
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